¿Será que para parir y criar conocerse es importante?



En todo el mundo existe el mismo secreto a voces. El de la sexualidad en la mujer, que tiene todo que ver con la fertilidad, el parto y la maternidad.


¿Por qué nadie, ni siquiera el médico, nos dice que durante el posparto el lívido o deseo sexual disminuye, que el proceso de lubricación se retrasa debido en parte a la lactancia y el cambio hormonal? ¿Por qué los que tienen la información en su poder no la llevan a donde necesita ser escuchada?


En estos días me hicieron un reto de publicar la portada de un libro leído durante 10 días. El primer libro que recordé de inmediato fue el de Gabriel García Márquez. Creador de la obra maestra “Del amor y otros demonios”. Con esta novela de ficción (que incluye datos reales sobre la historia de hace siglos atrás) aprendí cuán reprimida ha sido la mujer. Cuán acallada mantienen la fisiología femenina, sus procesos naturales y sus necesidades (emocionales y sexuales). Aunque en el mundo en que vivimos somos más libres económica, política y socialmente, la verdad es que continúan las restricciones. Y me encantaría decir que esas restricciones vienen del hombre, pero no. El discurso restrictivo viene de contínuo desde la voz de la mujer hacia la mujer. “Mira, esos temas no se hablan”. “Que nadie se entere de que te sientes como tal”. “Si dices eso no te van a creer o van a pensar que eres débil”. “No cargues a tu marido con esos comentarios, eso lo tienen que arreglar tú”.


Sí, todavía ese discurso se escucha entre mujeres. Aún hoy en el año 2020, tengo charlas con mujeres que me cuentan cómo sus suegras o madres le aconsejan lo contrario a lo que deben hacer o lo que es peor, las ignoran aún comunicando la necesidad. Para nuestro bien emocional, para mantener una salud mental es necesaria la comunicación. Y mucho más que quien nos escuche lo haga conscientemente y sin prejuicios.


Ahora bien, la sexualidad. Uff! Esa que todas practicamos, pero de la que muchas temen hablar. Esa que produce otra vida a través de la fecundación. Esa que produce uno de los más grandes placeres, pero casi nadie te explica cómo obtenerlo de manera adecuada con tu cónyuge. Donde hay dos extremos. O se habla de manera despectiva de la misma o no se habla (describiéndolo generalmente – porque hay muchos expertos que educan de manera profesional y adecuada). Pero popularmente en nuestra sociedad tenemos esos dos extremos. Uno te desinforma y el otro te cohíbe.


Y ¿cuál es el peligro de esto? Que nos limita emocional y fisiológicamente. Nos limita el conocer nuestro cuerpo, nuestros procesos y con ello afecta nuestro parto y crianza. ¿Cómo lo hace? Pues una mujer que no comprende su cuerpo no puede amarlo, una que no lo conoce no puede usarlo satisfactoriamente. Una mujer que desconoce cómo un cuerpo reacciona y responde a ciertos estímulos y proce