Que la maternidad no te quite los sueños



Cuando perdemos las ganas de algo hacer, de crear, de soñar e imaginar, perdemos las ganas de vivir de una manera inolvidable. Esto debido a que perdemos nuestro porqué, eso que nos hace continuar, perdemos de vista nuestro propósito. Se nos dificulta respirar. Y eso es lo que nos sucede cuando la quemazón, la depresión o la falta de descanso emocional hace presencia en nuestra vida. Perdemos la sazón y comenzamos a vivir solo porque sí. Perdemos el propósito que le da dirección a nuestra vida.


Hubo un hombre maravilloso llamado Viktor Frankl (También fue psiquiatra). Este hombre fue uno de los judíos víctima del holocausto nazi. Lo curioso es que fue víctima, pero también sobreviviente gracias a una sola cosa: SU PROPÓSITO. Decidió que su propósito dentro de aquel lugar fúnebre y horroroso sería ser la luz de otros. Ayudaría a otros a ver más allá de lo que sucedía y descubrir su propósito. Siempre me pregunté cómo lo había hecho. Cómo pudo convertir tanta desesperanza y tanta tristeza en su propósito. Él mismo describe que en la vida todo es una decisión, que nosotros decidimos la actitud con la cual vivimos y reaccionamos a los eventos que nos rodean.


Cuando pasamos por por estos estados de ánimo, perdemos la esperanza y solo una decisión nos puede salvar. Una decisión de abrazarnos a la vida, a quien más nos necesita o al propósito que queramos construir. Porque los propósitos se construyen. Y el propósito no es más que la razón por la que te levantas cada día, lo que te mantiene proactivo.

Pasando por la depresión posparto el propósito fue lo que me ayudó a sobrevivir y luego más tarde a vivir bien. A ver que podía hacer algo más con mi vida. Porque en medio de la nube gris que me abrazaba, la sociedad solo gritaba que esa era mi nueva yo. Una mujer que dejaba atrás sus sueños para quedarse en casa tras la cocina, la limpieza y el cuidado de bebés. “¿y quién cuida de mí?” Me pregunté en una ocasión. Y fue entonces cuando me di cuenta de que yo misma debía tomar una decisión.

Despertar el sueño que una vez había tenido o quedarme como estaba (infeliz). A pesar de tener una familia hermosa y un esposo que sí se preocupaba por mí, pero no sabía cómo ayudarme. Tomé lápiz y papel e hice un inventario de lo que siempre quise ser, de mis talentos, conocimientos, posibilidades y estudios y preparación académica. Lo junté todo y a pesar del miedo me lancé poco a poco, construyendo poco a poco. Comencé lo que era Mujeres como tú: empoderamiento femenino y educación en sexualidad femenina.

Me tomó dos años darme cuenta de que el miedo era algo que me estaba deteniendo, así que tomé otra decisión más arriesgada. Emprender con lo que tenía, esta vez no en educación sexual femenina, sino en algo más grande. Algo de lo que casi nadie habla. De esto nace Soy una mujer como tú. Este nuevo proyecto se preocupa por educar en sexualidad femenina, pero también por educar no solo a la mujer sobre la depresión durante el embarazo, posparto y su prevención, sino también al resto de la familia (quienes a veces son agentes tóxicos por la desinformación o la falta de conocimiento).