El miedo a ser juzgada



El miedo a ser juzgada me colocó una mordaza. Una que no me dejaba hablar por miedo al qué dirán. Cuando nace un bebé todos esperan que estés muy feliz, esperan que te sientas en gratitud y esperanza. Pero cuando no sucede vas nadando contra la corriente. Y es entonces cuando decides sonreír por conveniencia y callar. Nos convertimos en actrices. En las mejores. Tapamos nuestra tristeza con maquillaje y hasta practicamos la sonrisa falsa en el espejo. Para lo único que nos miramos al espejo es para asegurarnos de que nadie note la tristeza que cargamos dentro. Para asegurar que nosotras mismas nos hemos creído la mentira.


El miedo a ser juzgada provoca en nosotras las suficientes emociones negativas como para aniquilar nuestros sueños y esperanzas. “¿Una mujer cristiana que padece de depresión? ¿Una mujer que ha sido educada en psicología enferma de la mente? ¿Qué no es feliz con su hijo? Pero qué malagradecida. Tantas que quieren tener un hijo y ella que se lo reprocha”. Algunos de los pensamientos que llegan a la mente, posibilidades que podrías escuchar de las personas que no te comprenderían.

El miedo a ser juzgada siembra en la mente una gran cantidad de pensamientos y creencias que no son reales. Que podrían serlo, pero aún no han sucedido. El miedo a ser juzgada te limita. Te encierra. Te calla y te hunde. Así como un asesino intenta hundirte en el agua para quitarte hasta el último suspiro. El miedo, el miedo a ser juzgada. Porque la sociedad humilla y señala.


Todo ese miedo estaba en mi cabeza. Los que no me dejaban hablar, expresarme, buscar ayuda. Pero ya soy libre. La ayuda llegó y por fin por primera vez me sentí aliviada. He comenzado a contar mi historia a través de un libro. Que espero este año publicar. No solo para contar mi historia y cómo salí adelante, sino también para explicarles como Dios me ayudó y me restauró. Cómo utilizó mi propósito para salvar mi vida. Llevarles información de valor con evidencia médica y estadística.


La palabra de Dios dice: “El perfecto amor hecha fuera el temor”. Y ese perfecto amor es Dios. Dios es capaz de todo si se lo permites. Por eso te hago un par de invitaciones hoy. La primera de escribir. Porque escribir es sanador. Ayer en mi publicación de Instagram te dejé la sugerencia del “journaling”. Lo que te permite identificar tus pensamientos y conductas. La segunda sugerencia es permitirle a Dios entrar a tu corazón. Porque Dios es real y puede cambiar tu vida.

Por aquí te dejo mi salmo favorito:


Salmo 40:1-3

Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.


2 Y me hizo sacar del pozo de la desesperación,

del lodo cenagoso;

Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.

3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová.


Si te has sentido como yo, no te dejes llevar por estos pensamiento y busca ayuda. Por tu salud y la de tu familia. Hay lugares donde te pueden ayudar en Puerto Rico y en Estados Unidos.


También deseo invitarte a mi próximo taller planea tu posparto. Porque llegar con conocimiento al posparto es lo mejor de lavida. Oprime la foto para que puedas inscribirte.



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